




—Víctor, Víctor…
La voz se hacía cada vez más débil hasta que naufragó en un denso silencio. El mundo se esfumó y solo quedó una mera conciencia de la esencia: “soy…”, “existo…” y nada más. Cero pensamientos, emociones, sensaciones. Todo se desvaneció. Me encontré suspendido en una dimensión sin tiempo ni espacio. Dimensión cero. Un instante eterno. Al menos así se grabó en mi memoria. De repente el vacío estalló fragmentándose en infinitas y filosas astillas de dolor, que implacablemente se clavaron en mi cabeza. La realidad estaba recobrando espacio y no de la manera más noble...



...—Por favor, señor pájaro —se dirigió el roble al desconocido—, ¿por qué alborota nuestra comunidad? ¿Qué es lo que quiere?
—¡El frío viene! —seguía vociferando el cuervo y, después de dar varias vueltas, continuó su camino rasgando el aire con sus gritos.
—¿El frío? —se preguntaban todos—. ¿Qué es eso?...

